Ya no queda mucho que hablar sobre la estrecha relación entre los oriundos de Seattle con sus fanáticos locales, forjada hace más de una década tras esas dos imborrables noches en San Carlos de Apoquindo. Pero cada visita de Pearl Jam se convierte en un hito y para la ocasión se anotaron con una nueva medalla, en un show emocionante e íntimo de una banda que se niega a morir.

Con las localidades totalmente agotadas, el Movistar Arena cobijó a las 17 mil personas que se reunieron para el regreso de Pearl Jam, tras un año y medio de receso. Con solo un par de minutos de retraso, Eddie Vedder y compañía subían a escenario junto a un fuerte recibimiento que fue aplacado de inmediato gracias a ‘Release’, ‘Of the Girl’ y ‘Low Light’. La emocionalidad de las primeras canciones era visible en los rostros de los fanáticos, en su mayoría personas que se moldearon bajo el grunge en la década de los noventa.

Como buen dueño de casa, Vedder manejaba los tiempos a su gusto, rememorando sus anteriores visitas, tomando vino como loco o jugando con su “español como las güeas”, pero también llamaba a la calma en el sector de cancha al ver a los caídos en combate. La energía continuaba junto a ‘Animal’ y con una bonita interpretación de ‘Hail, Hail’, instancia en que la banda se dio el tiempo de saludar a la tan vilipendiada vista parcial.

Tal como lo dijo Eddie en sus intervenciones, el show de Pearl Jam estuvo cargado de canciones que jamás habían tocado en el país, siendo ‘Dissident’ la primera gran sorpresa de la noche. ‘Even Flow’ daba el espacio para que Mike McCready desplegara sus trucos en la guitarra. Momentos de genuina emoción se vivieron con ‘Present Tense’ y ‘Given To Fly’, canciones que tomaron un mayor vuelo gracias al austero y acertado juego de luces. El conjunto también aprovechó de estrenar en vivo ‘Can’t Deny Me’, canción que fue lanzada hace solo unos días y que fue dedicada a los estudiantes del trágico tiroteo en Florida. Los años cuentan sobre la carrera de Pearl Jam y se notó en ‘Porch’, aunque Vedder solo tanteó la vertiginosidad de la canción al acercarse a las primeras filas, faltó un mayor impacto en el tema que cerró la primera parte del show.

Eddie Vedder también tuvo palabras para el difunto Chris Cornell antes de comenzar ‘Come Back’, en una sección más pausada junto a ‘Around The Bend’ y ‘Footsteps’. Pero esta calma se vio interrumpida con ‘Do The Evolution’, una de las más coreadas de la jornada. ‘Better Man’ y ‘Black’ hacían quebrar la voz en una cancha que no daba más. Uno de los puntos altos de la velada fue cuando Pearl Jam le rindió honores a Pink Floyd con ‘Comfortably Numb’, para luego sellar el primer bis con ‘Alive’.

El ánimo aún se mantenía intacto, aunque ya había cobrado un par de víctimas gracias a la sofocación en el centro de la cancha, los deseos de más show por parte de los fanáticos y la banda se manifestaba con el segundo bis, de la mano de ‘Last Kiss’, canción que fue grabada en beneficio de los refugiados de Kosovo en el compilado No Boundaries (1999). El saludo de Pearl Jam a The Who con ‘Baba O’Riley’ e ‘Indifference’ pusieron el punto final a las tres horas de show de los norteamericanos.

Aunque faltaron clásicos como ‘Daughter’, ‘Jeremy’ o ‘Go’, lo de Pearl Jam en el Movistar Arena fue un show a la medida, para el fanático más acérrimo, era la instancia que faltaba junto a los de Seattle, en un recinto techado y sin grandes parafernalias, y que estrecha una vez más esa relación entre la banda y el país, en un amor que llegó tarde pero que, ellos y nosotros, jamás olvidarán.

Fotos: Carlos Muller