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Desde el rap a la música urbana: apuntes del subsuelo

Desde el rap a la música urbana: apuntes del subsuelo

Javiera Tapia

“No te podrás quedar en casa, hermano”. Eso parte diciendo el poeta y músico Gil Scott-Heron en su inmortal canción ‘The revolution will not be televised’, publicada en 1971. A través de su música y de este tema en específico, el artista de Chicago anunció una revolución, que impactó por su carga política, a través de una crítica al establishment, a los medios y a la policía. Un símbolo del activismo afroamericano que sirvió especialmente como llamado a no quedarse quieto. Artistas de su ciudad como Mick Jenkins o Common, solo por citar un par de casos, décadas más tarde y desde el ya desarrollado hip-hop, han honrado  su legado de poesía y proto-rap, dejando en evidencia una tradición en cuanto al ritmo y mensaje.

“Hemos crecido viendo la televisión, con su visión de las cosas que en realidad no lo son”, dice la rapera chilena Michu MC en el tema ‘La función’, parte de su disco Los ojos o el rostro, lanzado en 2011. Cuatro décadas después de la revolución pregonada por Gil Scott-Heron y desde Chile, una joven artista que creció en la población santiaguina de La Pincoya y parte del underground local, parece acercarse a la misma tradición, que no es otra cosa que el influjo del rap, ese germen que fue instalado desde fines de los años ochenta y principios de los noventa por artistas considerados pioneros en Chile como De Kiruza, Panteras Negras, Los Marginales, La Pozze Latina y más.

Como es sabido, los primeros artistas de hip-hop y rap en nuestro país enfrentaron un clima hostil, sostenido por la dictadura militar de Pinochet. Un período marcado por la represión y el control, donde el poder intentó silenciar a las artes. Por eso no fue raro que esfuerzos como los de De Kiruza describieran la situación del país y además funcionaran como método de denuncia: “Se te nota un bulto bajo la chaqueta / No sigaifingiendo con la metralleta / Eres asesino de profesión / Pero dices proteger a la nación”. Esos versos de ‘Algo está pasando’, el himno de Pedro Foncea y De Kiruza, ya en 1988 demostraron el carácter aguerrido del hip-hop chileno.

Este momento inaugural del rap local, parte del inminente estallido de hip hop en Santiago y el resto del país, fue solo una muestra de una cultura y ética de trabajo, que lentamente comenzaba a hacerse visible. De Kiruza, al ser una banda fusión, propensa tanto a los ritmos afroamericanos como a los latinos, fue el eslabón perfecto con proyectos ya más centrados específicamente en el rap como Panteras Negras. La banda liderada por Lalo Meneses, un temprano b-boy o bailarín de breakdance devenido en MC y más tarde en veterano y leyenda, fue crucial en la formación de la psique rapera más frontal y política.

Las letras de Panteras Negras desde el principio relataron el día a día de la población Huamachuco, en la comuna de Renca, con gritos primales sobre la marginalidad, la dictadura, el abuso policial y las injusticias. Tan solo los títulos de las canciones de Lejosdelcentro, cinta debut de Panteras Negras que comenzó a circular en 1990, dan cuenta del contenido y carácter del grupo: ‘Tontos ricachones’, ‘Gritos de la calle’, ‘Listos pa la guerra’, ‘Por tu pueblo’.

En la línea de tiempo del primer rap chileno también figuran grupos como Los Marginales, cuya grabación debut, Marginal, publicada en cassette en 1992 por el sello Prodisc, contenía mensajes políticos, aunque ampliaba su discurso hasta abordar temas como la censura, el clasismo y la vida cotidiana. “Marginal, que no te traten como un animal. Marginal, tus derechos han sido pasados a llevar”, cantan en ‘Marginal’, con fraseos propios de la vieja escuela. Al igual que otros artistas de la época, Los Marginales utilizaron los recursos de la música hip-hop, es decir beats y scratches, agregando guitarras y formas de percusión.

Pozzeídos x la ilusión”, debut de La Pozze Latina publicado en 1993, se mostró aún más sofisticado en cuanto al tratamiento de las bases instrumentales, al usar elementos cercanos al rock y al funk y apelando a un contexto “latino”. La banda de Hernán del Canto y Jimmy Fernández mostró mayor dominio en las rimas y en temas como ‘Sex maniac’ se atrevió a explorar líricamente el erotismo y humor, sumando mayores recursos al ideario rapero local.

La figura de Jimmy Fernández, también conocido como Panama Red, en tanto, es considerada icónica en el panorama del hip-hop chileno. Oriundo de Panamá, el músico llegó a nuestro país con un amplio conocimiento sobre el hip-hop, que traspasó a varios en lugares de reunión como calle Bombero Ossa, seminal epicentro santiaguino del hip hop, donde los primeros cultores del breakdance y del rap practicaron sus pasos o rimas. Fernández, primero a través de The Latin Posse y luego con énfasis en La Pozze Latina, no solo verbalizó el descontento de una generación, también enfatizó en lo latino e incluso insinuó un tono más poético.

Si grupos como La Pozze Latina entonces lograban tener buena difusión a nivel radial, al impulsar este tipo de música hacia una creciente exposición me- diática, en el resto del país las experiencias raperas comenzaron a aflorar y luego a multiplicarse.

No muy lejos de Santiago, el grupo viñamarino DDC (Descendientes de la Calle) grabó en 1992 un tema titulado ‘Pacofobia’, un relato sobre la represión policial y el repudio a la autoridad. Durante los años siguientes el tema se esparció de mano en mano, en cintas compartidas por los raperos de la región de Valparaíso, que ayudaron a mantener su crudeza y hechura independiente. “Corriendo como animales por las calles principales de esta nuestra ciudad. Con habitantes que piden libertad. Y ellos los verdes corren, corren tras nosotros”, dice parte de la letra del grupo, proveniente de la población Santa Julia.

También desde regiones, proyectos como Enlace 041, de Concepción; Pirañas, de Temuco, y los iquiqueños Eskina Familia Squad y Gente de Confianza, entre otros, desde muy temprano usaron un léxico que llamaba a mirar al resto del país. “Quién decía que Iquique no podía. El centralismo dejémoslo para otro día. Nuestra estrella Próxima Centauri brilla. Aquí está la gente con la original, no la plantilla”, rimaron en 2003 Gente de Confianza en su tema ‘Quién decía’.

En la capital, los primeros demos de Tiro de Gracia, titulados Homosapiens y Arma calibrada, contagiados con el espíritu más político o hardcore del rap y publicados de manera independiente tras sus primeros shows en Santiago desde 1993, contenían temas como ‘Cero grosero’, donde Juan Sativo, en ese entonces llamado Bestia, por momentos dispara contra las promesas no cumplidas de los políticos y sugiere: “Oye, hermano, no te quedes en los sueños, observa tu entorno”. Esta primera época de la banda, que entonces contaba con miembros como Lenwa Dura o DJ Borna, fue el proemio de los próximos aciertos del grupo, marcados por su clásico disco Ser hümano!!(1997).

Material como éste, producido ya en el llamado retorno a la democracia, tras la asunción de Patricio Aylwin en marzo de 1990, mantuvo activo el pulso siempre crítico de los sonidos urbanos en nuestro país. Por esos años, los incipientes estudios de grabación caseros, los instrumentos y la variada discografía asociada al rap, se convirtieron en las herramientas para facturar un cada vez más prominente circuito de hip-hop que, como sabemos, entre sus elementos también integra al graffiti, la cultura DJ y el baile.

La apertura cultural durante los primeros gobiernos de la Concertación permitió que los artistas tuvieran más espacio para desarrollar sus propuestas. Álbumes asociados al rock chileno como Corazones (1990), de Los Prisioneros; Los Tres(1991), de Los Tres, o ¿Democracia? (1991), de Los Miserables, son ejemplos de la producción musical en la época. En estos casos, con más de un guiño a mensajes políticos o contingentes.


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Freddy Olguín Díaz (1979) es periodista y ha escrito sobre música en medios digitales y blogs especializados. Fue editor del sitio Super 45.cl, medio dedicado a la música independiente, y se desempeñó como docente en el área de las comunicaciones. Fue parte del grupo de rap FDA, iniciado en 1998, y en 2004 creó el netlabel y blog Dilema Industria, sello discográfico desde donde ha publicado su música bajo el alias de Gen, además de lanzar o difundir propuestas de otros artistas. Es autor del libro antológico “100 rimas de rap chileno” (2018).

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