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Daniel Melero: “me compré un disco de Janis Joplin y mi mamá me preguntó cómo me compraba el disco de una mujer”

Javiera Tapia Publicado el 30 de Julio de 2015 por

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Daniel Melero es parte del cartel de Festival Neutral, en el que presentará su nuevo trabajo Piano Vol. 2, un disco con el que pretende refrescar con diferentes puntos de vista de obras anteriormente publicadas.

¿Por qué editar en estos momentos un Piano volumen 2? “El motivo es extraño pero válido, me parece. En los últimos tiempos hice muchos discos. El año pasado, tres llevan mi nombre en la tapa y además produje doce álbumes. Y los años anteriores he hecho discos también. En el tiempo en el que estaba grabando un álbum nuevo -que va a venir después de Piano vol. 2- en medio de una sesión de grabación de otro artista, en un momento de descanso tuve una ocurrencia, ni siquiera un pensamiento: tal vez ese era el momento de refrescar y digerir esa información, transformarla, en vez de volver a hacer otro disco de material nuevo. Me parece que es un eje de atención renovado de las canciones”, asegura.

“Vos imaginate que cuando hice el primer Piano había hecho mucho menos discos que después de aquel álbum, hasta hoy. Podemos decir que fue táctico y estratégico, pero por otro lado, ocurre que nosotros también todo el tiempo hacemos shows con Yul (Acri), que es el pianista del disco, solo con el piano, además de la banda eléctrica. Es un show que nos gusta mucho hacer y del que no había registro. Y también es un show que va creciendo, porque vamos incluyendo el material con los discos nuevos que se van a haciendo. Me pareció lógico intentar ir al estudio y grabarlo con mucho detalle. De hecho, los enfoques fueron muy interesantes, tanto de la grabación de audio, como también en términos de filmación. Hay un video que ya circula en internet de ‘Sangre en el Volcán’, que no es un playback ni una simulación. Yo estoy enmascarado y en el disco se puede escuchar la sensación sonora de mi voz cuando me saco la máscara, porque ocurrió realmente”.

“Nos propusimos ir al estudio un día, casi como para hacer un show grabado, sin mucho detalle. Eso sí, hay más procesos que en el otro disco, este es mucho menos purista que el primero de piano. Tiene otra cualidad sonora. Entramos al estudio a la una y media a grabar y a las once nos fuimos con un disco terminado. Es una sensación fabulosa. La tapa es de Alderete que un ilustrador fabuloso. Tuvo mucho de premonitorio lo que sucedió, porque el puso un volcán en la tapa. Cuando las cenizas del Calbuco llegaron a Buenos Aires, fue cuando estábamos empezando a tocar el álbum, fue muy extraña esa sincronía”.

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Melero es músico desde finales de los setenta y debutó en vivo en 1980, con David Vincent, donde tocaba grabadores Revox, un sintetizador y manejando una consola. Desde esa fecha, ha pasado por diferentes bandas, formatos, ha estado delante y detrás la mesa de sonido. Tomando esto en cuenta, es quizás una de las voces con más autoridad para hablar de los cambios que ha tenido la música en estos cuarenta años.

“Te podría decir que lo que si cambió es lo que era el negocio a escala industrial de la música. Cuando empecé uno tocaba en vivo para vender discos, ahora uno saca discos para tocar en vivo y eso también hace que, tanto sellos grandes como pequeños, que se dedicaban a desarrollar artistas ahora no lo hagan, sobre todo en las multinacionales. Esas ahora editan a artistas que salen de programas de televisión básicamente, usos pueriles, acróbatas de la voz. El disco hoy en día es un objeto más de tu merchandising, es un pin sonoro”.

“Y después están las excentricidades o la elite de los que escuchan vinilos, que casi es una diferenciación social que se abre en la música. Que forma parte de un fetichismo que particularmente tampoco es el mío. En cuanto a ideas innovadoras creo que las hay en todos lados. Hay mucha música nueva muy interesante y es muy diversa, afortunadamente. Muchas veces se engloba en géneros pero lo importante no es eso, la música puede superar al género, la música tiene que ser siempre un mecanismo de libertad, me parece a mí. Un vehículo de libertad”.

“Muchas veces creo que hay gente que elige estacionarse en un tipo de sonido para ser identificable con un género, generalmente, esa música tiende a no atraparme mucho más que una canción o una semana. Me atraen mucho más los discos que me resultan curiosos, me gusta el discurso que puede haber en diez canciones”.

“Mucha gente utiliza la música como el soundtrack de fondo de su vida. Yo me siento a escuchar música todavía. No se hace por urgencia muchas veces, la música en gran medida hoy es información, que se escucha para estar informado, para mí es otra cosa, a mí me modifica los sentimientos, la manera de pensar. Te diría que me afecta orgánicamente y disfruto de que eso me suceda”.

Y además de vivir en tiempos en los que la sobre información de la música muchas veces nos juega en contra como oyentes, en términos de edición de discos, también existe otra batalla. La del sonido. Una práctica que tiene muchos detractores, como por ejemplo, Bob Dylan, quien decía “escucha esas grabaciones modernas, son atroces, tienen sonido por doquier. No hay definición de nada, no hay voces, nada, es igual que la estática”.

Para el músico y productor argentino, esta tendencia que ya se ha transformado casi en norma, también es algo que combate en su trabajo.

“Hoy, los discos en origen antes de ser mp3 ya están comprimidísimos. A mí no me atrae eso, me gusta que la música tenga relieves. Si un disco tiene que sonar –como productor te lo digo- gigante, que suene gigante pero que tenga relieves. Si uno mira las formas de onda de muchos discos, lo que ves es un rectángulo negro, donde no hay pelitos que suben y bajan. Y es un poco, no sé, una necesidad de impacto que a la vez carece de contrastes. Me parece que la música es más interesante si no pasa por esas cualidades”.

-Pero finalmente estamos viviendo en una época en donde la mayoría de la música viene ya en ese formato. Y así llega al público ¿De alguna manera, crees que esto moldea al público o es al revés?

“Uy qué pregunta, es enorme. Es una pregunta muy interesante, es un análisis que probablemente sea equívoco porque nunca lo había pensado de esta forma. Creo que en general, en la época que estamos viviendo, la producción es la que genera al público. Aunque al revés también existe. Cuando el rock es rock, no es tan mayoritario, cuando es mayoritario es música popular, lo que no es bueno ni malo, pero sí es distinto. El rock es una cultura que tiene que ver con cambios, y ahí sí que el grupo está modelado por su público, una pequeña tribu que va modelando a una banda. Hoy en día una banda mainstream que es así es Babasónicos, estuvieron modelados desde una pequeña tribu que fue creciendo y que ya no es esa pequeña tribu y, los valores de Babasónicos son otros, pero sí surgieron desde esa situación”.

“La mayor parte de la música que la gente consume, proviene de mecanismos de producción impuestos y de sistemas de difusión establecidos y pagos. Y en realidad, eso desde que existe la radio ya empezó a ser así. O sea, en realidad, aunque parezca feo de decir, es casi inmoral que funcionen así las cosas, porque en definitiva, porque la música se termina transformando en mecanismos de propaganda, de imposiciones sociales, que después convierten a la gente en obedientes con las modas, en vez de generadores de modos”.

– Dices que el rock es una cultura que se basa en los cambios, pero el rock también podría definirse como una cultura machista…

“El rocanrol tuvo grandes períodos en los que fue machista. Yo no creo que el rock sea machista, el rock como yo lo interpreto, donde hay literatura, pintura y la música es solo una parte. Para mí el rock es una especie de ameba u hongo que fagocita elementos de otras miradas artísticas. Es un mecanismo de feedback muy extraño, llega a tener tanto feedback que se anticipa a sí mismo”.

“Yo creo que el rocanrol es machista, pero el rocanrol es una choza en medio de lo que podría ser el pensamiento. Imaginate a Little Richard: travesti y negro. Y ni siquiera tocaba la guitarra, ahí de machismo no hay nada. El machismo vino después, pero para mí eso no es rock. Me acuerdo cuando era muy chico, me compré un disco de Janis Joplin y mi mamá me preguntó cómo me compraba el disco de una mujer, y me di cuenta que mi madre era machista. Yo me lo compré porque me atrajo la música, vi un valor ahí. Quizás no te dejé formular la pregunta completa”.

– Jajaja, un poco, sí. Tiene que ver con que, por una parte, el rock es una cultura que está en constante cambio y que también supone ir en contra de la cultura oficial. Tenemos a este otro lado, esta cultura oficial, que es machista y el rock reproduce ciertos códigos machistas. ¿No es una contradicción?

“Estoy totalmente de acuerdo con lo que decís, en términos de poder sí. Yo pensé en lo onírico, pero sí, en términos de poder, sí. Pero eso en general, lo reproducen las bandas de estadio. Me acuerdo una vez que me encontré en una disquería al Indio Solari y yo le recomendé el disco de una cantante, ahora no recuerdo su nombre, pero me pareció interesante. La había visto en vivo y hacía grunge. Y me dijo ‘las mujeres no pueden hacer grunge, no me interesa oírlo’ y yo quedé impactado. Cuando vos no funcionás dentro de un tipo de pensamiento, a veces no te das cuenta de que sí hay gente que funciona así. Tal vez por eso me resulta tan idiota esa premisa. Es una categorización realmente pacata. Pero muchas veces, el rock hasta hecho por mujeres tiene una representación machista, coincidamos también en esto”.

-Tal vez porque a veces existe una masculinización para ser aceptadas en este mundo.

“Sí y finalmente, podés ser aceptada, pero no por la categoría que deberías tener. De las bandas que más me gustan de la historia del rock, en la mayoría hay mujeres y en roles fundamentales, pero no me planteo si hay mujeres u hombres, no pasa por mi manera de ver la música o la vida cotidiana. También admito que no escucho la música que suena en la radio, si escucho una radio es porque voy en un auto, hay una radio puesta y no me animo a pedir que bajen el volumen”.

– Hay pocos proyectos musicales que llegan desde Argentina, al contrario de lo que pasaba hace más de diez años atrás. Eso no quiere decir para mí que no esté pasando nada allá, sino que simplemente, quizás hay ciertas dificultades para que la música pase ¿Es así?

“Estás totalmente en lo cierto, también es un momento. Las compañías discográficas son elefantes que ganaron demasiado dinero haciendo muy pocas cosas y la mayoría feas, y en este momento tan especial… siempre fue un momento especial, en realidad, si pensamos en lo rápido que fueron cambiando los medios de difusión como los soportes en los que la música se encontró. Por ejemplo, de la música que eran discos de pasta de 78 rpm, de eso solamente el 10% se conservó cuando se bajó a 33 revoluciones, o sea se perdió el 90% de la música grabada. Y así va pasando sucesivamente. Internet logró rescatar muchas de esas cosas y el buscador curioso termina encontrándolas”.

“Muchas veces uno se encuentra con que las cosas que aún pueden marcar una influencia, son las que no fueron tenidas en cuenta en su momento. Creo que a los artistas nuevos les ha costado mucho encontrar un canal para poder manifestarse y ser tenidos en cuenta, hablo en general. No me gusta mucho hablar de países, porque no creo en eso. Cuando cruzo en avión de Argentina a Chile yo no veo una línea de puntos que nos divide. Con la idea de patria se asesina gente todo el tiempo viste y, generalmente, son jóvenes los que mueren y para mí eso es terrible”.

“Hay muy pocos que han logrado encontrar el vehículo para llamar la atención de un público que hay veces que cree que está viendo rock cuando mira la tele, cuando nunca de la tele vino el rock, lo contrario, viene el status quo de ahí. Sinceramente, creo que es una pena que en esta era de acceso muchas veces se esté buscando lo que ya se conoce, dado que si buscamos información, sería interesante cotejar con otra. Tener una segunda opinión de qué te parece que es bueno. Eso se hace escasamente, se desarrollan fanatismos innecesarios, y es una pena. Creo que en Argentina se ha desarrollado una política de falta de curiosidad que, en definitiva, proviene de fallas en la educación, es lo primero que tiene que estimular la educación. No aprender cuál es la capital de un país. Estimular la curiosidad y aprender a poder leer los medios, que muchas veces son excesivamente perversos”.

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