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Especial Arcade Fire: Reflektor (Merge)

Especial Arcade Fire: Reflektor (Merge)

Seba Amado C.

¿Qué pasa cuando una banda que podría considerarse alternativa alcanza la masividad total? ¿Qué pasa con su hambre, con su esencia? ¿Cambia o se mantiene? En el caso de Arcade Fire, la respuesta es una combinación de ambas. Y es que al haber alcanzado el status de cabeza de cartel, los canadienses tenían la libertad de hacer lo que quisieran (como ha demostrado tanto la campaña previa a este elepé como su promoción). Eso es “Reflektor”: el disco doble que querían hacer. Un trabajo que muestra a las claras su nueva categoría de “grande”, a costa de su urgencia.

La necesidad imperiosa que tenía el grupo de decir algo sólo está ahí a ratos (a diferencia de antes, en que sus obras completas estaban enmarcadas por esa sensación), y se entiende. Ya no era necesario buscar un sonido: los músicos se habían ganado el derecho a tomar el que les diera gana, y eso incluía la fórmula que Paul Simon patentó en los ‘80 de mirar a otros países. Influencias haitianas y africanas por igual (junto con muchos guiños a ese período) cruzan esta placa que se siente muy familiar en el sentido de que pareciera que ya se hubiera escuchado antes. Sí, buenos temas hay muchos; pero sorpresas, muy pocas.

Un detalle sí se mantiene: la continuidad inicial. Éste es un ensamble que, sea a propósito o no, ha dominado con perfección el arte de que el primer track de su último elepé suene como si pudiera haber entrado en la entrega anterior, y ‘Reflektor’ no es excepción. Con David Bowie en voces y la urgencia a flor de piel, es un híbrido impecable entre lo que vino y lo que acaba de llegar (mérito adicional por tomar una canción de casi ocho minutos y hacerla single) . La transición continúa de la mano de ‘We Exist’, que agrega una línea de bajo y detalles de guitarra sacados directamente del manual de referencias de aquella década. Y de ahí en adelante, el tributo a esa “corriente sonora” se toma buena parte de este material.

‘Flashbulb Eyes’, ‘Here Comes the Night Time’ y ‘You Already Know’ son, por el libro, de los ‘80. Para el cierre del primer volúmen, con ‘Joan of Arc’, hay más sello propio pero se mantienen esos elementos. Y entre todo eso, el gran destello de originalidad y regreso del ímpetu lo pone ‘Normal Person’, un flashback de esa banda que usaba historias personales como medio para hablar de una sociedad decadente (“If that’s what’s normal now, I don’t wanna know”). Un track destinado a ser una planadora en vivo.

El cuasi interlude ‘Here Comes the Night Time II’ abre un segundo acto muy diferente al primero. Más oscuro e íntimo, que tiene en ‘Awful Sound (Oh Eurydice)’ y en ‘It’s Never Over (Oh Orpheus)’ dos buenos y extensos momentos. Casi una introducción de trece minutos para el gran combo de este disco: la seguidilla brillante y (bendita sea) atemporal que hacen ‘Porno’ y ‘Afterlife’, combinando la intensa calma de una con la urgencia honesta de la otra. Como si al grupo le hubiera tomado ocho tracks aprender a transformar las referencias en herramientas. Después de eso, ‘Supersymmetry’ es sólo un largo outro.

Producido por James Murphy, Markus Dravs y los propios Arcade Fire, “Reflektor” es mucha más comodidad que saltos creativos. Es un trabajo que en su mayor parte da constancia, pero de que ya hay música así en el mundo. Sólo a ratos aparece una de las grandes bandas de ese siglo, una de estándares muy altos. Hay canciones de esta placa que pasarán a la historia, de eso no cabe duda. Pero, digan lo que digan, éste no es su mejor álbum. Y el que discrepe, tiene tres más para comprobarlo.

Disco 1
1. Reflektor
2. We Exist
3. Flashbulb Eyes
4. Here Comes the Night Time
5. Normal Person
6. You Already Know
7. Joan of Arc

Disco 2
1. Here Comes the Night Time II
2. Awful Sound (Oh Eurydice)
3. It’s Never Over (Oh Orpheus)
4. Porno
5. Afterlife
6. Supersymmetry

Arcade Fire es una de las bandas que tocará hoy, domingo 30 de marzo, en el Coca Cola Stage como parte de la segunda jornada de Lollapalooza Chile 2014, a realizarse en el Parque O’Higgins de Santiago.

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