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Reunión de Pauta #1

POTQ Magazine Publicado el 8 de Septiembre de 2011 por

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El Comité Editorial de POTQ estrena Reunión de Pauta, un espacio en el que se publica lo mismo que se conversa. En esta primera entrega, a propósito de tanta retromanía -especialmente noventera-, hablamos sobre grupos que terminaron antes de tiempo, otros que estaban mejor disueltos y los que tendrían que acabar ahora mismo.

¿POR QUÉ NO SE VAN?

(Bandas que deberían disolverse)

Guns N’ Roses

Hubo una vez una banda llamada Guns N’ Roses. Una agrupación increíble, que le sacaba bastante distancia a cualquier otro combo que enarbolara las banderas del glam o el hard rock. A su haber tenían uno de los discos debut más brillantes que jamás se hayan hecho (“Appetite for Destruction”; 1987), uno de los más notables combos de bajo y primera guitarra de los últimos 25 años (Duff McKagan y Slash), y claro, uno de los mejores vocalistas de la historia en Axl Rose. Esa banda se acabó en 1994, cuando grabaron juntos por última vez (una versión de ‘Sympathy for the Devil’ de los Stones), y todo lo que ha ocurrido desde entonces no ha hecho más que prostituir y degradar un legado que hubiera sido intocable. En vez de eso, hubo que esperar más de una década por la mediocridad más cara de la historia: el disco “Chinese Democracy” (2008). Ya basta, por favor. Si no se van a juntar para celebrar el cuarto de siglo su primer álbum cumple el 2012, es hora de que el egomaníaco a cargo termine con la tortura. (Sebastián Amado)

Sepultura

Esta separación pudo tener fecha exacta: 16 de diciembre de 1996. Esa fue la última vez que Sepultura tocó en vivo con su formación dorada, que incluía a Max Cavalera. Y si bien las causas fueron asociadas a asuntos extra musicales, la verdad es que la banda tampoco fue la misma tras la deserción de su vocalista. Los trabajos venideros, con Derrick Green en la voz, nunca pudieron alcanzar los dotes de calidad de discazos como “Beneath The Remains” (1989) y “Chaos A.D.” (1993. Y por si fuera poco, el otro Cavalera, Igor, abandonó el grupo años después. Actualmente, y alejados totalmente de la primera división del metal, Sepultura es un buque comandado por Andreas Kisser que sobrevive sólo por las glorias pasadas, sustentadas en su mayoría por integrantes que hace rato están en otros proyectos. (Jean Parraguez)

U2

Fácilmente podría decirse que U2 es una de esas bandas que no tiene que demostrarle nada a nadie. Algo de razón existe en pensar así. El cuarteto de Dublín tiene obras maestras como “The Joshua Tree” (1987) o “Achtung Baby” (1991), su influencia en músicos actuales está más que comprobada, tienen en The Edge a uno de los guitarristas más talentosos de la historia, llenan estadios en todas sus giras y acumula un largo etcétera de logros. Son, en términos simples, megaestrellas planetarias: los conoce tu mamá, tu vecino y todos tus amigos, hasta los que no escuchan música. Entonces, ¿por qué U2 debe terminar? Porque el mundo necesita echarlos de menos. Porque Bono es un personaje cada vez más insoportable (pobre de él, en todo caso, cualquier persona tan famosa corre peligro de caer en el mismo tipo de complejo mesiánico). Porque ni todos los millones del mundo, ni siquiera la producción de Brian Eno, pueden evitar que los discos del grupo sigan una curva cualitativa descendente. En algún momento tiene que explotar la burbuja. Antes de que eso pase -aunque muchos piensan que ya ocurrió- y de seguir pegando palos de ciego, es preferible bajar el telón con la frente en alto. (Andrés Panes)

SHOULD I STAY OR SHOULD I GO?

(Bandas que no deberían haber vuelto)

Stone Temple Pilots

Alguna vez conocidos como Shirley Temple’s Pussy, estos oriundos de San Diego, California, tuvieron una tremenda carrera en su primera etapa. Aún cuando casi se separon allá por el ‘97 a causa de los problemas de drogas de Scott Weiland (suena familiar, ¿no?), se tomaron el tiempo necesario para volver y continuar hasta el 2003. Cinco muy buenos elepés, un número respetable de singles redondos y otras tantas joyas escondidas. ¿Por qué diablos arruinarlo todo, entonces, con un disco homónimo mediocre, que no puede mirar a la cara a ninguno de sus predecesores? Quizás el regreso hubiera valido la pena si se hubieran tomado un par de años más, los suficientes para que Weiland recuperara su voz y las ideas decentes. Quizás sólo tendrían que haberse juntado para una nostálgica gira mundial y ya. Pero lo cierto es que aquí, frente a los hechos consumados, los hermanos DeLeo deberían haber continuado por su cuenta y dejar que su frontman continuara la teleserie que aún mantiene con Velvet Revolver. (Sebastián Amado)

Bush

Desde el 2002, Gavin Rossdale ha intentado pegarle el palo al gato al medio musical. Primero fue Institute, una banda que jamás pudo alcanzar algún tipo de trascendencia, para luego dar paso a un disco solista, “WANDERlust”, lanzado el 2008, que sólo reafirmó al inglés la idea de reformar a su conjunto más exitoso. El año recién pasado, Bush anunció su regreso, primero con una escueta gira y después con la grabación de su quinta placa, la primera desde “Golden State”, que vio la luz hace dos lustros. Considerando que el cuarteto británico tuvo éxito sólo con su debut (“Sixteen Stone”, de 1994) y que siempre fue visto con recelo por ser catalogado como “oportunista” al aparecer en la debacle del movimiento grunge, posiblemente su semi anonimato no cambie con “The Sea Of Memories”, a editarse próximamente. (Jean Parraguez)

Weezer

Rivers Cuomo encontró la fórmula perfecta para convertir un recuerdo emocionante en un engendro odioso. “Weezer” (1994) y “Pinkerton” (1996), los dos primeros discos del grupo, son obras fascinantes de los ’90; la reivindicación nerd que se venía fraguando desde la aparición de The Feelies. El problema llegó en 2001, después de un paréntesis que hubiera sido el final perfecto, cuando el grupo mostró su falta de creatividad con otro disco homónimo, una carátula que se auto homenajeaba y el regreso del productor del debut, el grandioso Ric Ocasek de The Cars (a quienes acaban de mancillar versionando el clásico ‘You might think’ para la película “Cars 2”); es decir, los mismos recursos con los que acertaron, ahora en servicio del error. Cuesta abajo para Weezer, que desde entonces sólo han hecho sufrir a todos los que nos acordábamos con cariño de ellos, mediante álbumes desoladoramente poco imaginativos y la destrucción metódica de un mito en potencia. Cuatro años de gloria versus una década de prolífica mediocridad. Dos discos brillantes contra siete para el olvido. Era mejor quedarse en casa y dejarse querer. (Andrés Panes)

PLEASE DON’T GO

(Bandas que no deberían haberse disuelto)

Audioslave

En su primer disco sonaban como una banda compuesta por ex integrantes de Rage Against the Machine. En el segundo, como el grupo de quien alguna vez fue la voz de Soundgarden. Pero con “Revelations” (2006), su tercera placa de estudio, pasó algo distinto. Ya no sonaban como unos ni como otros. Ahora eran ellos mismos. Después de cinco años ensayando y tocando en vivo (y sonando como cañón, como demuestra el DVD “Live in Cuba”), Audioslave se había encontrado. Ese cuarto álbum podría haber sido soberbio. Pero no: vino la reunión de los huérfanos de Zack de la Rocha con su vocalista original, mientras Cornell preparaba su segundo esfuerzo solista, “Carry On” (2007). Bajo esas circunstancias, era inevitable. Pero en un mundo ideal, jamás se hubieran separado y hubieran hecho esa obra genial que, quizás, estaban destinados a componer. Y no, no me refiero a “Scream”. (Sebastián Amado)

At The Drive-In

La razón es simple: “Relationship Of Command” (2000) fue un zarpazo que nadie esperaba, un cataclismo sónico que pilló desprevenido a todos por igual. Un tercer disco totalmente libre de toda pretensión se transformó en lo que el mundo necesitaba y esperaba. La atención y expectación que se formó en torno al quinteto de El Paso, Texas fueron las detonantes del cansancio mental que terminó por fundir a At The Drive-In, terminando con su historia en su mejor momento y con la inevitable pregunta posterior: ¿Cómo hubiera sido el siguiente paso?. (Jean Parraguez)

Disco Inferno

Son los protagonistas de una de las grandes injusticias musicales de la historia. Un trío que estaba tan alejado de los preceptos reinantes de su época, en especial del britpop de su tierra natal, que no tuvo otra salida que disolverse sin pena ni gloria. Disco Inferno remó contra la corriente como sólo los verdaderos valientes pueden hacerlo y en esa travesía editaron obras maestras como el EP “Summer’s last song” (1992) o el hermoso disco “D.I. go pop” (1994). Trabajos para reivindicar hasta el cansancio, mientras se llora la desaparición de un proyecto que duró mezquinos seis años: entre 1989 y 1995. Podría haber sido un poco más. (Andrés Panes)

MENCIONES HONROSAS

Proyecto que debería haber seguido: Army of Anyone

¿Quién? Pues la banda de los hermanos DeLeo tras la separación de los Stone Temple Pilots. Duró tres años y tuvo sólo un disco homónimo, pero esa mera placa es razón más que suficiente para demostrar, una vez más, que Robert y Dean tiene una química impagable, en el grupo que sea. Como antes con Weiland y Eric Kretz (y entremedio en ese breve y hermoso proyecto que fue Talk Show), los singles que esboza esta obra son memorables y las joyas escondidas están a la orden del día. Pero, lo más importante de todo: sonaban frescos, relajados, como si se hubieran sacado un gran peso de los hombros. Army of Anyone era un proyecto interesantísimo, que duró cuatro años y murió cuando Richard Patrick, su vocalista, volvió a trabajar con Filter en el 2007. Injusticias de la vida. (Sebastián Amado)

Supergrupo que debería haber seguido: Mad Season

Este supergrupo estaba condenado a morir desde un primer momento. Como una especie de escape de sus proyectos originales, Mad Season se despachó un único trabajo imperdible y desolador. Una conjugación magistral de los mundos de Pearl Jam, Screaming Trees y Alice In Chains que quedó registrado en los diez cortes de “Above”. Con el beneplácito conseguido, el grupo pudo haber continuado, pero la voz de Layne Staley ya no era la misma, y sus constantes problemas con las drogas trabaron sus compromisos, primero con su banda madre, y luego con todo lo que podría venir. Su conclusión es una historia trágicamente conocida. (Jean Parraguez)

Cantautor que debería seguir sacando discos: Bobb Trimble

El tiempo se ha encargado de hacerle justicia a personajes extraños de la música, cuya obra ha sido incomprendida en todos o algunos de sus pasajes (Scott Walker, Nick Drake o Daniel Johnston se vienen a la mente con facilidad), pero Bobb Trimble sigue sin recibir la reivindicación que merece. Tal vez por no haber sido famoso en algún momento, no tener fama de depresivo y suicidarse, ni tampoco estar (lo suficientemente) loco. Pero los dos discos que publicó, artesanalmente y sin sello, lo hacen acreedor de todas las medallas al mérito posibles. Si no me creen, busquen “Iron curtain innocence” (1980) y “Harvest of dreams” (1982). Hablan por sí solos. (Andrés Panes)

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