Música
Un profundo exceso de conciencia del poder que convocan. Aquel aroma deja el trabajo en colaboración de dos de los más connotados músicos de la Norteamérica actual. Ambicioso, derrochador y excesivo ante todo. Portador de destellos geniales llenos de melodramatismo y opulencia. A veces, incluso, el romperle la madre a las estrategias musicales contemporáneas -gravamen manifiesto para estos miembros de la elite que nos miran hieráticos desde el partenón- provoca una sentida y forzada intención por dar siempre una vuelta más a la revisión final del álbum, por tratar de estrujar de alguna nueva e intrépida forma el sample, a riesgo de desfigurar una canción, como en el caso del precioso muestreo original de Otis Redding en ‘Try a Little Tenderness’ para ‘Otis’, cuarto track del disco.
Toda banda grande se ve frente a ese dilema. En ocasiones, más de una vez durante sus carreras. Todo grupo que se ha vuelto icónico tiene guiños sonoros que le son característicos, una zona de comodidad donde han comprobado de facto lo buenos o efectivos que pueden ser. Y llega un minuto en que -sea por voluntad propia, sea por las circunstancias- tienen que escoger. Seguir la ruta conocida, o apostar por la evolución.