Música
Bajo un sol alucinógeno, el ensamble liderado por Eugene Hütz se dejó caer como una oxidada bomba sobre la loza del Parque O’Higgins, al ritmo de ‘Ultimate’, canción encargada de dejar en claro el tenor de la propuesta de la cual seríamos testigos. No hubo medias tintas ni lugares de descanso, la presentación de los de Manhattan se articula como una gran canción de una hora, un show siempre en ascenso, muy demandante en virtud del frenetismo de su interpretación. El secreto de la fórmula radica en el medio punto entre la gestualidad balcánica, agitada, de postguerra, y la interpretación arrojada y desentendida de la música punk.
La presencia de Surtek Collective, el proyecto nacido de las inquietudes del alemán Uwe Schmidt (alias Atom Heart) y del chileno Vicente Sanfuentes, hacía esperar un espectáculo donde la mezcla de tecno y sonidos puertorriqueños tuviera un rol protagónico. El acitón –denominación que la dupla otorga a este híbrido de acid house y reggaeton- estaba llamado a ser el ritmo que debían desplegar en todo su esplendor ante quienes, motivados por interiorizarse en este género, asistieran a su actuación.
A poco avanzar el día sábado, Diego Adrián y Nacho Aedo saltaron al escenario acompañados por un bajista y una voz femenina. Adrianigual venía con la experiencia de su exitoso paso por México, viaje en el que cosecharon buenas críticas de la prensa que se vieron reflejadas en la convocatoria de su show en Lollapalooza.
El talentoso porteño José Cerda, alias El Sueño de la Casa Propia, fue el encargado de inaugurar el Perry’s Stage el mediodía del sábado, cuando aún poca gente ocupaba el recinto. Con un setlist y una performance cada vez más activa y diversa, adornada de un abanico caleidoscópico de samples, voces y efectos, la actuación de Cerda fue una colorida forma de empezar el día y dejó claro que se trata de uno de los proyectos solistas más innovadores en Chile.
Tuvo la responsabilidad de hacer sonar por primera vez los parlantes del Alternative Stage, a eso de las 12:15 del día sábado. Adanowsky fue recibido entre gritos por algo más de 40 personas que progresivamente se ensamblaban a los acordes iniciales de su set, con él en la guitarra rítmica, más la comparsa de un bajo, guitarra eléctrica, batería y teclados.
Pedropiedra tenía la misión de encender a quienes se amontonaban frente al Claro/LG Stage cuando la primera jornada de Lollapalooza estaba recién comenzando. El músico presentó un show correcto, que alternó canciones de los dos discos que hasta ahora tiene a su haber, donde la reacción del público alcanza a calificar como positiva: sin un gran desborde de euforia, pero con la cantidad suficiente de entusiasmo como para celebrar y corear ‘Si Somos Salvajes’, ‘Al Vacío’ e ‘Inteligencia Dormida’, los puntos altos de su presentación.
Mr. Magoo caminaba fuerte y derecho a través de peligrosos escenarios, inadvertido acerca de las amenazas mortales que lo rodeaban, y lograba salir vivo porque no titubeaba. Su ignorancia le impedía sentir miedo. The Ting Tings, tan miopes artísticamente como Magoo, desarrollaron tranquilos en su inicial “We Started Nothing” una propuesta simpática y liviana al no saber qué les deparaba el destino. Las expectativas, además, eran bajas: el dúo venía de fracasar -bajo el nombre Dear Eskiimo- y ser despedido del sello Mercury.











