Reseñas
Había una vez, hace tres años, un netlabel chileno llamado Pandakill. Además de Nueva Orleáns (el proyecto solista de Milton Mahan de Dënver), el sello incluía a Caramelitus, dúo formado por Camila Moreno -antes del disco solista– y Tomás Preuss. Y aunque la disquera nunca prosperó, alcanzó a compartir material de la pareja en su hoy inexistente sitio web oficial. Esas canciones, de atmósferas electrónicas y sobrecogedoras, fueron los primeros bocados de las facultades que ambos músicos, en caminos bifurcados, demostrarían en el tiempo.
El amor, huelga decirlo, se ha erigido como el principal sostén cuando hacemos arte, y el amor en pareja ha sido su costado más explorado. A través de los siglos, ese tópico permanece incólume en su privilegiado sitial. Mirando la situación de esa forma, se antoja increíble que en plena época tecnológica -donde la comodidad y lo superfluo van acaparando más terreno- haya nacido un disco que recurre al sentimiento genuino, al oscuro tránsito en pos de sanar las heridas invisibles, pero profundas, que arroja una ruptura amorosa.
Pasadas las 12 de la noche, subió al pequeño escenario de El Clan el productor guyanés Mad Professor, uno de los responsables de la consolidación de la música dub, discípulo directo de Lee “Scratch” Perry (uno de los fundadores del género) y autor de muchos -y muy lisérgicos- remixes durante la década de los noventa para bandas tan importantes como Massive Atack, Beastie Boys, Jamiroquai o Depeche Mode, entre otros.
Qué importante es “Illmatic”. Vaya lugar común. Siempre es mencionado dentro de las listas, desde las más honorables hasta las más chabacanas, como uno de los discos capitales dentro de la historia de la música en los noventa. Y si bien los números avalan el juicio, nunca queda cerrada la discusión acerca de qué es lo que hace del álbum debut de Nas un trabajo tan especial e influyente. Claramente la importancia de los discos imprescindibles no es una sola, y el caso de estos 10 tracks no dista mucho de aquéllo.
Resistiendo como las paredes de una catedral. La postura de una de las falanges más distintivas de Mente Sabia, después de una década escribiendo párrafos, ha sabido madurar de saludable manera, conservando un paquete conceptual que despliega su creciente coherencia tras cada escucha del nuevo disco de MC Unabez. Fiel al rap, sin muchos coqueteos fatuos, antípoda de la media estilística actual. Así suena este puñado de canciones que no vienen a remozar la escena, ni tampoco a sentar jurisprudencia de lo que debe reinar en los auriculares capitalinos; se trata de más de lo mismo, y lo que suena a reparo se convierte en una virtud, cuando lo que no se transforma es la calidad y el compromiso en los textos.
Viernes 8 de abril de 1994: el mundo se consterna al enterarse de que el líder de Nirvana, Kurt Cobain, ha sido encontrado muerto en su hogar de Seattle. La cara más visible del rock estadounidense había dejado de existir y la gente se lanzó de cabeza en busca de un reemplazante. Tres días después es lanzado en Inglaterra un single titulado ‘Supersonic’, primer aviso de unos muchachos originarios de Manchester llamados Oasis. Nadie sospecharía que, tiempo después, el cetro terminaría cruzando el Océano Atlántico, volviendo a las Islas Británicas.
¿Qué hacemos comentando en el primer mes de 2011 un disco que apareció a finales de 2009? Pues bien, además de ponernos al día, estamos reseñando un álbum cuya edición física acaba de ser lanzada en Chile. Y es que “Le Disc de Astrou”, el EP debut de Astro, sólo estaba disponible en México en una versión de lujo que incluía stickers, con cada uno de los 2 mil cedés del tiraje numerados -para vigorizar sus aires de objeto de colección-, junto a tres bonus tracks a cargo de remezcladores aztecas (entre ellos, Bonzz del recomendable grupo Hello Seahorse!). Es decir, mientras los blogs musicales criollos todavía discutían el parecido del grupo con MGMT, el sello Terrícolas Imbéciles se anotaba un punto adhiriendo a los nacionales a su catálogo, donde también figuran El Guincho, Los Punsetes y Austin TV.
Es imposible olvidar a “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space” al pensar en álbumes redondos, inspiradísimos y perfectos; de aquéllos que estaban llamados a ser el gran símbolo de la banda que los gestó y, más aún, a definir a toda una generación por su valor e influencia en artistas posteriores. Éste, el tercer largaduración de Spiritualized (banda originaria de Rugby, Inglaterra), es -sin duda- uno de los epítomes más emocionantes y únicos que dejó la década del ’90, en cuanto a lo que rock alternativo se refiere, llegando incluso a sobrepasar esa categoría.
Los discos siempre ganan encanto cuando esconden buenas historias. Además de ser el debut solista de Dadalú, a quien conocimos en Colectivo Etéreo y luego en varios proyectos menores, “Período” tiene un anecdotario que pide ser desentrañado. El título del álbum se debe al proceso de aprendizaje de su autora, cuya inexperiencia en el estudio marcó la grabación de la placa, que terminó siendo mezclada por ella misma junto a su novio (Jorge “Coco” Cabargas, ex Tobías Alcayota y actual Bongo Bongo). Pero el nombre carga una doble lectura, relacionada a la menstruación, como exhiben la tipografía sangrante de la portada y el carácter de las letras compuestas por la cantautora.
En apenas tres entregas, Cómo Asesinar a Felipes acumula credenciales que otros músicos no alcanzan en toda una carrera. Su homónimo debut, editado en 2008, fue la clase de hito que logra reivindicación con el paso de los años y que está condenado al status de obra de culto. Al año siguiente apareció “Un Disparo al Centro”, junto a la Orquesta Sinfónica Juvenil, la antítesis de lo que la industria recomienda (refritos para grandes éxitos de nombres consagrados, calibre Metallica o Cerati). Y luego vino otro paso para el que la norma dicta esperar: el DVD en vivo “Operación Teatro Oriente”, con el registro bicolor -y a una sola cámara- del show gratuito que ofrecieron, a tablero vuelto, en dicho recinto.
La sensación que se vivía en la medianía de la década de los ’90 obedecía, con bastante fidelidad, a las características de una fuerte resaca. En lo político y económico, el fin de la guerra fría no proveyó al mundo de respuestas satisfactorias, sino que los cuestionamientos siguieron huérfanos de ideas frescas, abandonados a todo tipo de escrutinios pero sin ningún atisbo de solución. Los enfrentamientos bélicos, ahora disponibles al mundo en vivo y en directo, incrementó nuestra insensibilidad frente a la tragedia. La globalización, a todas luces, no era la panacea prometida.
Entre el post trauma de la resaca del año nuevo y el frenetismo por escapar de Santiago, se presentó por primera vez en chile Mayer Hawthorne, el crooner predilecto hoy por hoy de la costa oeste -y por rebalse, del mundo- con la intención de mostrar “A Strange Arrangement”, su muy buen disco del 2009, defendido por el sello Stones Throw, más un puñado de canciones nuevas. Altas expectativas y una noche fresca se juntaron para la ocasión. Todo en coherencia al recién nacido verano. Nada más apto.
Volver al estudio tras seis años es algo que no se cuenta todos los días. Después de una pausa de tal calibre, pocos son los proyectos que se retoman intactos: la gran mayoría, oficialmente o no, son desahuciados por sus ejecutores. Pero no en el caso de The Versions, quienes en el marco del octavo aniversario de su casa disquera anunciaron el lanzamiento de su segundo disco. El sucesor de su debut homónimo, allá por el 2004. Y como es lógico, el tiempo no ha pasado en vano.
En un año lleno de sueños cumplidos y deudas pagadas, los Stone Temple Pilots pisaron suelo chileno. Por fin. Después de dieciocho años, incluyendo aquellos en que parecía realmente imposible, cuando estuvieron separados. Después de que lo único con alguna vaga semejanza a esa utopía fue la venida de Velvet Revolver el 2007, que ni siquiera sirvió de placebo. Después del regreso y la ansiedad, el martes 7 de Diciembre fue la fecha de la redención.
Como un bastión perdido de la segunda guerra mundial lucía el escenario, que estaba separado del público por una enorme bandera de Alemania, concediéndole una advertencia imponente a lo que estaba por ocurrir. Pues estábamos frente a una máquina total de destrucción, que instigaba con todo su poder a una congregación que llegó en tropel al recinto de La Florida para ver en acción a estos seis engranajes que forman Rammstein.
Avalados por sus cuatro discos, la mitología DFA y sencillos radiales varios, Hot Chip subió a eso de las 11 de la noche al escenario del Teatro Caupolicán para jugar una partida cuya victoria estaba asegurada. El show comenzó con ‘And I Was a Boy from School’, la canción que los dio a conocer, que convirtió al recinto de San Diego en una pista de baile gigante, repleta de personas dispuestas a derrochar toda su energía viendo a los británicos.
La palabra Zeitgeist es un término acuñado por el romanticismo alemán, allá por 1769. Su traducción literal es “el espíritu de los tiempos”, haciendo referencia al estado general de una nación o un grupo específico, en todos sus aspectos: cultural, político, social, espiritual e incluso ético. Y desde su portada, es evidente que este disco apunta a esa crítica de lo que Corgan denominó el “fascismo emergente” en la política estadounidense.
Alrededor de 1.000 personas fueron los testigos del primer y quizás único show que hará Stereophonics en Chile. Luego de sus paradas Brasil y Argentina, la banda presentó su último trabajo “Keep Calm And Carry On” ante un pequeño, pero preciso público. El grupo liderado por el vozarrón de Kelly Jones en casi dos horas de show realizó una presentación soberbia, que demostró sus años en el circo.